28
May
Creo que me gusta más el cover. <3
Antony and the Johnsons - Crazy in love (von ludbrown)
Esquire Theme by Matthew Buchanan
Social icons by Tim van Damme
28
May
Creo que me gusta más el cover. <3
Antony and the Johnsons - Crazy in love (von ludbrown)
In 1997, Mattel released Becky, Barbie’s friend, who’s hot-pink wheelchair could not fit into the elevator of Barbie’s $100 Dream House.
14
May
Me he topado últimamente con pensamientos recurrentes acerca del fracaso y del éxito. Pensamientos nada profundos pero que tienden a ser piedra angular de muchas de las decisiones que tomo. Me vine a Alemania, porque fracasé en un proyecto. ¿Pero, realmente fracasé o decidí empezar algo nuevo? Me voy por el segundo argumento porque, el sólo pensar que he fracasado, me aterra. Me paraliza.
No sé lidiar con ello, ni quiero. Todo empieza con una idea, un pensamiento, una noticia, un comentario que daña tu percepción. Entonces comparas, te sientas a pensar y crees que tú no estás haciendo lo que se supone que deberías de estar haciendo. Según tú, todo debería de ser de una forma y no de ésta otra. Entonces todo se vuelve histérico, competitivo, tortuoso, vomitivo. Entonces, eres menos que los demás. Tienes veintitrés años y no has hecho nada con tu vida.
Le di un par de vueltas a lo ocurrido el domingo pasado, durante el debate presidencial. Luego de dedicarle unas cuantas líneas por Twitter al escotazo de la mujer que entregó los papelitos a los candidatos (papelitos que, por cierto, cualquiera pudo haber entregado; hasta la misma Lupita (¿Lupita?) que, ya que andaba “moderando”, bien pudo haberse dedicado a la tarea ardua de repartirlos), me dediqué a escuchar lo que estos tenían que decir y a hacer alguna que otra anotación.
Por cierto, tanto fue el alboroto por el desacierto de la señorita, que fue tema de discusión en periódicos internacionales (http://www.bbc.co.uk/news/world-latin-america-17984725). Punto y a parte.
El formato del debate me pareció inadecuado: no se dio tiempo suficiente a los candidatos para exponer sus planes, pero tampoco se moderó adecuadamente a estos para debatir. No debatieron, punto. Aunque, a mí personalmente, lo que digan o no digan, me sobra; es lo que hacen y no hacen, lo que me preocupa y me tiene en ascuas. Lo que sí hubo, sin embargo, fue una serie de ideas desordenadas, un par de propuestas interesantes, junto con otras un tanto incoherentes. Fue, además, un “Fotos off” sin fin, que tuvimos que presenciar durante dos horas, mientras esperábamos algo extraordinario de su parte.
Vimos a un AMLO2012 igual al AMLO2006, con el discurso que todos hemos escuchado, pero con un plus: nos llevó de viaje por la historia de México, desde Santa Anna, pasando por el Fobaproa y Montiel. No hace daño, tampoco. No son temas desdeñables pero, en mi opinión, desaprovechó una oportunidad ENORME: utilizar ese espacio cámaras para posicionarse como la opción lógica en contra de la otra opción, la indeseada -al menos por mí-: la de escoger a EPN.
Lo que sí sucedió, y que no esperaba, fue una actitud calmada por parte de Enrique Peña Nieto que, pese a que en algún momento Vazquez Mota y Obrador le objetaron un par de asuntos incómodos en contra, no se dejó acorralar y, aunque enunció un par de propuestas difusas, salió bastante bien librado. En mi opinión, no perdió. (¿Ganó?) JVM, por su parte, aunque teatral y acartonada, logró enunciar un par de propuestas, contestó lo que se le preguntaba y argumentó y contraatacó con datos [aunque no del todo ciertos, revela la publicación electrónica Sin Embargo [http://www.sinembargo.mx/08-05-2012/227336)].
Quadri se ajustó al formato del debate y fue el que entró en menos controversias; en comparación con el resto del Equipo Aventura. No le dirigió la palabra más que a AMLO, pero se mostró estructurado y con propuestas interesantes. Puso el tema de “internet para todos” sobre la mesa y, aunque con un look que ralla un poco en lo hipster/agrónomo (<3), se colocó en nuestro inconsciente. Quadri no fue para ganar, pero logró mucho, pienso yo.
Como dije, al menos en lo que concierne a mi intención de voto, lo sucedido en el debate, no tuvo algún tipo de incidencia en éste. Espero que a ustedes los haya tocado el Ángel Redentor y hayan cuestionado a su candidato, se hayan decidido por otro candidato o se hayan sumido en la depresión [como yo] y le hayan cuestionado al cielo el porqué de su desgracia.
25
Apr
23
Apr
Que en paz descanse mi abuelo, Jaime Almonte Enriquez.
Recuerdo mi infancia como una época de momentos felices, aunque muchas veces obnubilados por otros tantos, no tan perfectos, de dificultades económicas y de tensión familiar. Pero siempre hay uno que guardo con cariño y que me esmero por no olvidar: el de la Navidad en casa de los abuelos [paternos]. Siempre hemos sido una familia un tanto dividida y llena de conflictos; como muchas otras, puedo y quiero imaginarme. Me refiero a mi núcleo cercano de madre, padre y hermanos. A pesar de todo, por el lado paterno siempre hubo ese elemento de presión por permanecer unidos y tener momentos de calidad; aunque fuera sólo unos días, aunque fuera sólo en diciembre.
Mi abuelo aparecía como elemento irremplazable del evento, alrededor del cual nos congregábamos todos. Por órdenes de Don Jaime se preparaba el cerdo o el pavo, se embarraban las hojas del elote para los tamales, se preparaba la ensalada de manzana y se mandaba a comprar las tortillas, la sidra, las uvas y una piñata. Luego sucumbíamos a una comilona desmesurada. Las visitas duraban más y eran más frecuentes, antes de que mi familia y yo nos fuéramos al sur. Mi padre perseguía su sueño laboral y nosotros lo perseguíamos a él.
Recuerdo que, mientras mi padre estudiaba en los Estados Unidos, nosotros la pasamos difícil: mi madre lidiaba con mis hermanos y conmigo (que éramos aún muy pequeños), con un montón de deudas impagables y con su propia tendencia a la depresión y la neurosis; estados de ánimo que alternaba, por lo que se la veía lánguida, triste y estresada, por momentos, pero histérica, enojada y alterada, por otros. Las visitas de mi padre eran esporádicas y llenas de tensiones. Mi madre disfrazaba las carencias, para que él no se preocupara y él ordenaba, criticaba, se enojaba, nos consentía y luego se iba. No tengo muchos recuerdos de mi padre, de cuando era muy pequeña; pero tengo muchos [muy agradables] de mis abuelos, que iban a visitarnos, muy en contra de los deseos de mi madre, de librarnos de su sobreprotección y de su tendencia a controlarlo todo y a todos. No quería que los llamáramos “mami” ni “papi” y se negaba a que nos engordaran, como engordaron al resto de los primos.
Mi abuelo nos empalagaba con besos y dulces y nos daba diez pesos cada domingo, para comprar más empalagos. Yo me imagino que lo hacía, no tanto porque éramos niños, y era el regalo obvio, sino por que a él le gustaban los dulces y el cereal [muy] azucarado. Fumó toda su vida. Era, además, malhablado y malhumorado; rasgos que heredó mi padre y que yo reprimo, con todo lo que tengo de fuerzas. (Sí, soy una malhumorada en negación).
A pesar de que no convivimos -mis hermanos y yo- con él tanto como el resto de la familia, atesoro esos momentos: los abrazos que nos dimos, mi infancia en su casa, llena de regalos, de comida y de cariño y sus ganas, nunca saciables, de ver a la familia reunida.
Mi tío y mi padre, a diferencia de mis tías, se fueron a vivir a distintos lugares y siempre se los echaron en cara. No lo verbalizaban, pero mi abuela se quejaba, a su muy particular manera. Mi abuelo refunfuñaba. Y, a pesar de los deseos de mi madre de establecer límites, hablaba [y aún lo hace] de él con mucho cariño. Lo describía como un señor preocupado por los suyos, trabajador incansable y atento, de pocas palabras, pero cuyas pocas emitidas, eran ley y eran inquebrantables.
Yo pensé que, por el poco contacto establecido y la paupérrima relación forjada, no me iba a sorprender la noticia de su muerte. Todo lo contrario. Me doliste hasta el alma, viejito. Me acordé de Usted con cariño. Me saltaron a la memoria sus regaños y su forma de hablar; el amor por su casa y por su familia. Me causó gracia cómo nunca dejó el lugar en la cabecera de la mesa y cómo nunca nadie se sentó ahí, aparte de Usted, para comer; y si lo hicieron, fue cuando Usted no lo estaba haciendo. Me queda claro que los refunfuños de mi hermano y su predilección por la comida dulce son herencia Suya, Don Jaime.
Me acordé hasta de la Alaskan Malamute que tuvo y cómo se quejaba de ella, aunque la amaba, muy a su manera. Me dolió no haber podido ir a despedirme de Usted, por estar aquí en Alemania y no verlo antes de que muriera, para darle un abrazo grande y agradecerle un montón de cosas aprendidas. Retengo una imagen de Usted, en su mejor versión, porque los malos rasgos también se van, con nosotros, a la tumba.
Lo quiero, viejito y lo guardo en mi corazón hasta que muera.
Q.E.P.D.
22
Apr
“Look, of course we’re all opposed to sexism and the objectification of women, but it’s pointless to try to pretend that we don’t enjoy tits.” <3
16
Apr
He tenido la oportunidad, desde hace algunos años, de viajar y conocer un par de lugares enormemente bellos e interesantes. He de admitir que, aunque estoy enamorada de México y estoy convencida de que es el país más bello del mundo, no lo conozco todo; me encantaría, sin embargo, y lo haré cuando tenga oportunidad. Me llevé, por ejemplo, una buena experiencia, en el 2009, cuando me fui de mochila a viajar por la Sierra Tarahumara. ¡De verdad que no tenía idea de que Chihuahua tuviera una oferta de paisajes y escenarios naturales tan vastos y tan diversos! Mal hecho por la poca difusión que se le da a este estado, en términos de turismo; porque, en otros términos, tiene una reputación que deja pocas ganas de querer visitarlo.
Nunca he sido muy fanática de visitar lugares con climas muy extremos; incluidos aquellos paraísos tropicales en los que llueve incesantemente y las playas con aroma de desierto, en las que respirar es dañino para la salud. Aún así, esta semana santa, en lugar de visitar España y olvidar mis problemas en la playa, decidí venir a Londres; en donde el clima es pésimo y la comida peor.
(Bueno, y también vine a Londres, porque tenía que venir a Londres.)
La primera vez que lo visité fue hace un año, que aproveché los días libres para ir a ver a mi familia (que estaba de paso), debido a que mi lugar de residencia temporal no es, por el momento, la tierra del chile, sino la del fútbol -podría decir “la tierra de la cerveza” o “la tierra del Currywurst” pero, ¡vamos!, más representativo de un alemán es el amor/pasión/fanatismo desbordado por este deporte. Fact-.
Los precios se me hacían excesivos (los de todo: comida, bebida, hospedaje, transporte, uso de baños públicos, and a long etcetera). Me molestó el clima y me harté de la cantidad [estúpida y vomitiva] de turistas que había, por las fechas, en la ciudad. No se podía caminar tranquilamente, ni tomarse el tiempo para observar algún monumento histórico; se tenía que estar alerta, para no ser golpeado por la bolsa del “shopping” de alguna señora, entre Piccadilly y Oxford Circus o para detenerse abruptamente tras algún asiático que se detuvo a tomarle a fotos a… algo. (Perdonen si evoco al cliché, pero es que el cliché es, en este caso, TAN la regla). Lo odié.
Bueno, la segunda vez que vine, decidí tomar una actitud de “forgive and forget” y prohibirme, a toda costa, verme atrapada en aglomeraciones. Y justo eso fue lo que sucedió. Si quieren saberlo, me llevé una experiencia muy distinta de Londres esta vez; aún cuando me vi obligada, por circunstancias ajenas a mí, a cambiar de hostel y, el segundo, no tenía el mejor Staff que he conocido.
La ciudad es tan polifacética, tan interesante, tan rica en culturas, tan llena de contradicciones. Es una persona que vive, se queja y tiene episodios de ira, de depresión y de estrés; que se ríe y celebra, a pesar de atravesar por periodos largos de penumbra, gracias a condiciones climáticas que no dan tregua. Es, además, erótica, soñadora, sensual y seductora. Tiene una historia que se refleja en rincones escondidos, que uno tiene que buscar, con enorme interés, para luego ganárselos y hacerlos de conocimiento íntimo.
La ciudad te influye de tal forma que, por momentos, te conviertes en un ávido comprador de banalidades en Oxford Circus, o un intelectual, de gustos alternativos, en los alrededores de Camden Market. Puedes transformarte en un impertinente y odioso turista, al tomar un tour en autobús (“Hop-on, Hop-off”), asistir a diversas obras de teatro en Shaftesbury Avenue y vivir Londres a través de la cámara. Puedes, por otra parte, ser A MASSIVE HIPPIE que, sin dinero que derrochar o tiempo para tomar tours, se dedica a vagar por la ciudad y explorar las zonas escondidas y bohemias de Clapham South, Kilburn, Camden Town y demás; o adueñarte de la noche, como un auténtico party animal en diversos bares, eventos musicales clandestinos y pubs en -aunque no exclusivamente en estas zonas- Kilburn, Marble Arch, Soho, Nothing Hill. Y ya que sufriste una especie de transformación kafkiana, en la que te volviste en un gigantesco bicho indeseado pero, a la vez, querido; ignorado, ensimismado, pero libre de obligaciones, te vas. La ciudad se queda y tú te enamoras.
Podría dedicar hojas enteras, para hablar de esta ciudad (o de muchas otras). No lo voy a tratar de hacer en un intento, sino en varios; para que se enamoren, como yo o la odien, por momentos.
03
Apr
Para las elecciones presidenciales de este año, más que discursos contundentes y campañas bien encauzadas, tenemos a una turba de personas enardecidas, confundidas, y expectantes. Hay -espero-, entre un millón de interrogantes, una serie de preguntas compartidas: ¿votaremos o votaremos nulo ? Si no, ¿por quién vamos a votar estas elecciones? ¿Por qué? Si le dedicamos un estudio serio a la vida y al haber político de los candidatos, entonces tendremos un voto informado; aunque, no necesariamente, un voto que valga la pena. Lo más probable es que no nos llene el ojo nadie. ¿Vale la pena votar? Yo me negué a votar en las elecciones pasadas. Me negué a ejercer mi derecho como miembro de un cuerpo social. Aún así, no coincido con que, mi renuencia a votar favoreció, necesariamente, a la primera fuerza partidista.
En esta ocasión me he decidido por un camino distinto. Sí. Ahora difiero con mi persona ambivalente, “valemadrista” y para-qué-votar-si-vamos-a-seguir-igualista. Ahora creo que podemos y necesitamos hacer nuestro voto efectivo. Creo, además, que es inminente que, hagamos, lo que hagamos y, nos decidamos por quien nos decidamos, lo hagamos en colectividad (ojo: votemos o no votemos por un candidato/partido).
El fenómeno generado, a lo largo de casi tres años, a través del uso de las redes sociales, se ha replicado en el mundo entero: Egipto, Chile, Libia, México, Estados Unidos. Es el hartazgo de un conjunto de personas decididas a golpear con el puño cerrado y no uno dedo a la vez. El peso del movimiento colectivo ha sobrepasado lo que muchos ideólogos y escépticos del mismo creían imposible: cambios; inconformidad, en el peor de los casos.
A ellos les digo: ¿cómo la ven? A ustedes les digo: ¿creen que “la unión hace la fuerza”? Bueno, vale. Trataré de adecuar al tema, otra serie de “catch phrases”.
El creciente uso, en México, de las redes sociales [Twitter, Facebook, Tumblr, YouTube] y demás medios de difusión electrónica, agrega una variable interesante al juego: hacen el movimiento más inclusivo y se erigen como un espacio de expresión no antes visto. En comparación con el escenario visto en las elecciones presidenciales pasadas, hay una variable que permanece: hay un sentir paranoico colectivo (como una mini histeria social, me permitiría decir) y, se vote por quien se vote, habrá un número significativo de inconformes. Estas elecciones (igual que en las anteriores), hay personas que se manifiestan a favor del voto nulo. Yo me pregunto si es la dirección que debemos asumir.
Existe la teoría de que los votos nulos aumentan la sobrerrepresentación de un partido y ya hay quienes, desde las redes sociales, se pronuncian en contra del mismo. El argumento en contra es que, al emitir un sufragio en blanco, automáticamente se favorece a la primera fuerza partidista. Los votos nulos no se contabilizan en el total de votos emitidos; entonces, el porcentaje de votación por cada partido aumenta. Ello se traduce en un número mayor de escaños, por cada partido en el Congreso, de acuerdo a la asignación de escaños por vías de representación proporcional.
Desde esta perspectiva, beneficiaríamos a quien no quisiéramos beneficiar. Entonces, si la limitante es “no saber por quién”, lo responsable sería informarse. Si, después de ponderar a nuestras opciones, nada nos convence, entonces podemos decidirnos por emitir un voto en blanco. Siguiendo esta línea de pensamiento y, asumiendo que votaremos por lo que se más acerque a lo queremos, entonces tomaremos una decisión meditada, informada, ponderada, definitiva. Ese sería el camino del democrático, del idealista, del que le encontró utilidad al voto.
El otro sería el de la persona que cree [y entiende] que, en lo que concierne a la incidencia del voto en el resultado global de las elecciones, el suyo no tiene ningún efecto. El que dice: “prefiero no votar, porque no me siento representado”, el que no cree en la utilidad del voto y el que piensa que, si existieran otro tipo de herramientas políticas de las cuales pudiera hacer uso, entonces su decisión sería otra.
(Ver Reforma Política discutida por J. Ackerman, J. Merino, P. Migoya, et. al.: http://mexico.cnn.com/nacional/2011/08/21/la-reforma-politica-necesaria-para-alcanzar-una-democracia-participativa).
¿Cuál camino hay que tomar, entonces? Si me leyeron con la esperanza de obtener un argumento inspirado, esperan mucho de mí. Es un tema que me ha dado vueltas en la cabeza desde hace algunos días y, para el cual no he encontrado solución (si la hay). Sólo de un par de cosas puedo hablar con certeza: a) no hay que menospreciar la validez y la repercusión del movimiento colectivo; b) prefiero no votar a votar por lo mismo.
Hablo de estas posturas, asumiendo que, quien vota, las conoce y, con base en ellas, actúa de cierta forma. Sé que no es así, en la mayoría de los casos. Pero me doy el lujo de describir escenarios ideales [porque es mi blog y puedo]. Estas elecciones no me siento representada, pero tengo una esperanza ingenua en que encontraré, de su parte, los argumentos necesarios que me ayuden a tomar una decisión. Discutamos.