Esquire Theme by Matthew Buchanan
Social icons by Tim van Damme

03

Apr

¿Voto nulo?

Para las elecciones presidenciales de este año, más que discursos contundentes y campañas bien encauzadas, tenemos a una turba de personas enardecidas, confundidas, y expectantes. Hay -espero-, entre un millón de interrogantes, una serie de preguntas compartidas: ¿votaremos o votaremos nulo ? Si no, ¿por quién vamos a votar estas elecciones? ¿Por qué? Si le dedicamos un estudio serio a la vida y al haber político de los candidatos, entonces tendremos un voto informado; aunque, no necesariamente, un voto que valga la pena. Lo más probable es que no nos llene el ojo nadie. ¿Vale la pena votar? Yo me negué a votar en las elecciones pasadas. Me negué a ejercer mi derecho como miembro de un cuerpo social. Aún así, no coincido con que, mi renuencia a votar favoreció, necesariamente, a la primera fuerza partidista. 

En esta ocasión me he decidido por un camino distinto. Sí. Ahora difiero con mi persona ambivalente, “valemadrista” y para-qué-votar-si-vamos-a-seguir-igualista. Ahora creo que podemos y necesitamos hacer nuestro voto efectivo. Creo, además, que es inminente que, hagamos, lo que hagamos y, nos decidamos por quien nos decidamos, lo hagamos en colectividad (ojo: votemos o no votemos por un candidato/partido).

El fenómeno generado, a lo largo de casi tres años, a través del uso de las redes sociales, se ha replicado en el mundo entero: Egipto, Chile, Libia, México, Estados Unidos. Es el hartazgo de un conjunto de personas decididas a golpear con el puño cerrado y no uno dedo a la vez. El peso del movimiento colectivo ha sobrepasado lo que muchos ideólogos y escépticos del mismo creían imposible: cambios; inconformidad, en el peor de los casos.

A ellos les digo: ¿cómo la ven? A ustedes les digo: ¿creen que “la unión hace la fuerza”? Bueno, vale. Trataré de adecuar al tema, otra serie de “catch phrases”.

El creciente uso, en México, de las redes sociales [Twitter, Facebook, Tumblr, YouTube] y demás medios de difusión electrónica, agrega una variable interesante al juego: hacen el movimiento más inclusivo y se erigen como un espacio de expresión no antes visto. En comparación con el escenario visto en las elecciones presidenciales pasadas, hay una variable que permanece: hay un sentir paranoico colectivo (como una mini histeria social, me permitiría decir) y, se vote por quien se vote, habrá un número significativo de inconformes. Estas elecciones (igual que en las anteriores), hay personas que se manifiestan a favor del voto nulo. Yo me pregunto si es la dirección que debemos asumir.

Existe la teoría de que los votos nulos aumentan la sobrerrepresentación de un partido y ya hay quienes, desde las redes sociales, se pronuncian en contra del mismo. El argumento en contra es que, al emitir un sufragio en blanco, automáticamente se favorece a la primera fuerza partidista. Los votos nulos no se contabilizan en el total de votos emitidos; entonces, el porcentaje de votación por cada partido aumenta. Ello se traduce en un número mayor de escaños, por cada partido en el Congreso, de acuerdo a la asignación de escaños por vías de representación proporcional.

Desde esta perspectiva, beneficiaríamos a quien no quisiéramos beneficiar. Entonces, si la limitante es “no saber por quién”, lo responsable sería informarse. Si, después de ponderar a nuestras opciones, nada nos convence, entonces podemos decidirnos por emitir un voto en blanco. Siguiendo esta línea de pensamiento y, asumiendo que votaremos por lo que se más acerque a lo queremos, entonces tomaremos una decisión meditada, informada, ponderada, definitiva. Ese sería el camino del democrático, del idealista, del que le encontró utilidad al voto. 

El otro sería el de la persona que cree [y entiende] que, en lo que concierne a la incidencia del voto en el resultado global de las elecciones, el suyo no tiene ningún efecto. El que dice: “prefiero no votar, porque no me siento representado”, el que no cree en la utilidad del voto y el que piensa que, si existieran otro tipo de herramientas políticas de las cuales pudiera hacer uso, entonces su decisión sería otra. 

(Ver Reforma Política discutida por J. Ackerman, J. Merino, P. Migoya, et. al.: http://mexico.cnn.com/nacional/2011/08/21/la-reforma-politica-necesaria-para-alcanzar-una-democracia-participativa). 

¿Cuál camino hay que tomar, entonces? Si me leyeron con la esperanza de obtener un argumento inspirado, esperan mucho de mí. Es un tema que me ha dado vueltas en la cabeza desde hace algunos días y, para el cual no he encontrado solución (si la hay). Sólo de un par de cosas puedo hablar con certeza: a) no hay que menospreciar la validez y la repercusión del movimiento colectivo; b) prefiero no votar a votar por lo mismo.

Hablo de estas posturas, asumiendo que, quien vota, las conoce y, con base en ellas, actúa de cierta forma. Sé que no es así, en la mayoría de los casos. Pero me doy el lujo de describir escenarios ideales [porque es mi blog y puedo]. Estas elecciones no me siento representada, pero tengo una esperanza ingenua en que encontraré, de su parte, los argumentos necesarios que me ayuden a tomar una decisión. Discutamos.